Jul/Ago 2015  |  Núm. 14



Una artística radiografía del ilícito arte de la mentira

Con el estandarte de que en la guerra y en el amor todo se vale, Don García, personaje galante del escritor, dramaturgo y abogado Juan Ruiz de Alarcón, corteja a una dama llamada Jacinta, su fin es desposarla y para lograrlo echa mano de su ilícita habilidad para mentir, sus víctimas, entre los que se cuenta su progenitor, Don Beltrán, van sucumbiendo a sus ingeniosos argumentos, Don García miente con aplomo y cuando es descubierto no pierde su temple para salir, momentáneamente, del embrollo, ¿cómo lo hace? Pues mediante otros aun más ingeniosos y mentirosos argumentos, de esta manera Don García teje una peligrosa red que termina por envolverlo y al quedar entrampado en ella, ya acorralado, no le queda más que asumir las consecuencias, como bien se describe en el diálogo final que sostiene García con su sirviente Tristán, este último personaje es el único que no se deja engañar, por lo que no es casualidad que precisamente él sea elegido por el autor para cerrar, con una lapidaria reflexión, esta pieza teatral.

Tristán: Tú tienes la culpa toda; que si al principio dijeras la verdad, esta es la hora que de Jacinta gozabas. Ya no hay remedio, perdona, y da la mano a Lucrecia, que también es buena moza.

García: La mano doy, pues es fuerza.

Tristán: Y aquí verás cuán dañosa es la mentira; y verá el senado que, en la boca del que mentir acostumbra, es la verdad sospechosa.

Vaya que si el mucho mentir no es poca cosa pues de tanto mentir la verdad en la boca del mentiroso se vuelve muy sospechosa, cuando esto del mentir pasa y pasa se teje una red tan compleja que suele suceder que en ella el mentiroso se entrampa.

Más allá de la jocosidad de esta esplendida y divertida obra de teatro, en “La verdad sospechosa” su autor traza con maestría una radiografía de la mentira que anticipa, lo que más adelante se investigó y descubrió sobre el perfil psicológico y sociológico de los mentirosos y, también, de la vulnerabilidad de los que se dejan engañar.

“La verdad sospecha” es una pieza teatral ingeniosa, divertida y aleccionadora ampliamente recomendable para los examinadores de fraude.



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