Mar/Abr 2014  |  Núm. 6


El arte de defraudarte

Yago la historia de un fraude por resentimiento

El fraude es un engaño que tiene dos lados, el lado del que planea el engaño y el lado del que se deja engañar.

Un ejemplo de lo anterior está escrito y descrito por el dramaturgo, poeta y actor William Shakespeare, en su tragedia teatral, “Otelo: el moro de Venecia”.

Desde el ángulo de un examinador del fraude no, es Otelo el personaje sustancial de los acontecimientos; es la inteligencia de Yago, subordinado militar de Otelo la que destaca, su astucia y pericia para concebir y ejecutar su plan es digno de ser revisado con detenimiento.

Los recursos de los que echa mano son notables; las palabras que emplea, los momentos que elige, el pañuelo, la inducción, todos estos elementos fraudulentos son un ejemplo de una mente creativa y astuta para manipular.

Yago es la mano que mece la mente de los personajes, los adormece para llevarlos a las situaciones y estados de ánimo que le convienen. ¿Qué lo mueve? El resentimiento, la sed de venganza, emociones que controla, que encubre con impresionante frialdad. Sus artimañas son interpretadas por sus víctimas como virtudes, sólo ven en él honestidad y lealtad.

Al final, cuando la razón de su intriga está alcanzada, mata a su esposa por denunciarlo, pero los efectos de su maldad son irreversibles.

¿Cómo pudo engañar tanto y a tantos? Porque se dejaron, porque nadie fue capaz de dudar sobre la autenticidad de sus palabras y actos. Otelo, al final de la trama, en sus últimas palabras, lo resume en una versión de esta obra de teatro para la televisión española:

“Espoleado me dejé llevar hasta el extremo”

El fraude es un engaño que tiene dos lados, el lado del que planea el engaño y el lado del que se deja engañar.

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