May/Jun 2014  |  Núm. 7


Ángulos del Fraude

Dilema: ser o no ser, es la cuestión

El título alude al dilema ético expresado por W. Shakespeare en su obra “Hamlet”, escrita alrededor del año 1600. En la antigua Grecia, Sócrates, Platón y Aristóteles, argumentaban sobre temas trascendentes como la existencia del hombre que como ser social, necesita guías y principios para lograr una convivencia colectiva que le permita vincularse con su entorno.

Todos vivimos aprietos y disyuntivas en nuestra vida cotidiana que nos llevan a ponderar entre el bien y el mal; y entonces, tomar las decisiones que consideramos más apropiadas para nuestro entorno individual y familiar.

Son decisiones personalísimas que permanecen en nuestra conciencia. Entonces, nuestras elecciones definen nuestra personalidad, o ésta define a aquellas. Esto nos hace pensar que tienen su complejidad.

Ética y moral son conceptos que se usan indistintamente. Moral es el conjunto de valores que una persona o sociedad posee. La ética implica la reflexión razonada de ellos; incluso la obligada comparación que hacemos entre diversas sociedades nos lleva a contrastar la actuación y pertenencia de sus miembros en relación a su comportamiento

Surge el cuestionamiento, ¿la ética profesional forma parte o no, de nosotros? No podemos tener poquita o mucha. Es un modo de conducirse y su ausencia es notoria de manera inmediata.

Para J. Rawls(1), la ética es la primera condición que debe cumplir cualquier organización decente. La observancia de ciertas normas básicas y principios de integridad fundamentales, no debe ser opcional, sino requisito para la existencia de cualquier organismo social.

No se aprende a través de códigos; no obstante, éstos deben formar parte de las mejores prácticas que se construyan y promuevan desde la alta dirección.

Los códigos de conducta y de ética, reflejan las guías de actuación que deben regir y permear. Tienen como finalidad detallar la política de integridad y reforzar los actos esperados; recordar, tanto a los que conforman la organización como a terceras partes interesadas, la visión empresarial y los valores deseados como integrantes de esa colectividad; sea pública o privada.

Sin embargo, ¿cómo podemos asegurar que los empleados tengan clara la diligencia esperada en el entorno laboral? ¿ Capacitamos y motivamos a cada uno de ellos para que consideren siempre en el beneficio de la empresa y no meramente personal?

Pensemos, ¿Cuántos de nosotros tenemos conciencia del impacto que genera cada una de nuestras decisiones? Es decir, cotidianamente ¿reflexionamos en relación a quiénes y cómo afectará cualquier conducta, en nuestro entorno laboral?

Los dilemas éticos son inevitables en todos los niveles. Muchos pueden depender de una situación en particular. A mayor nivel jerárquico, mayor responsabilidad decisoria.

No debemos perder de vista que un proceder adecuado va de la mano con el juicio profesional, y entonces se puede razonar para tomar las mejores decisiones.

Nuestro comportamiento revela que clase de persona somos. Veamos, como actuaría usted en los siguientes supuestos:

Hay otros modos ejemplificantes de lo no ético. Hace poco, a través de las redes sociales, me contactó una persona que se dedica a la venta de software como herramienta antifraude, y concretamos una cita en la oficina para la presentación del producto. Debo confesar que cuando llegó, no lo reconocí.

Veía yo la foto de su perfil y lo comparaba irremediablemente con la persona que tenía enfrente. Seguramente su fotografía era de unos diez años atrás.

Esas formas que parecieran pasar imperceptibles generan desconfianza y hablan de la persona. Si desde aquí ya está engañando, que podemos esperar entonces en un trato de negocios.

La ética es un razonamiento y reflexión internos que hacemos para optar entre lo bueno y lo malo; decidir entre lo correcto o lo inapropiado. Es una actividad práctica que nos lleva a determinar qué acciones o actitudes debemos tener y seguir en nuestra vida, o como debemos comportarnos ante cada conflicto que se nos presenta y que amerita una decisión importante para preservar el bien mayor.

¿Qué elementos inciden para que una persona decida inclinarse por lo malo, por lo incorrecto, voltear al lado oscuro? Son varios factores endógenos y exógenos que inciden: la percepción de que no va a ocurrir nada; la presión, la carencia de lealtad institucional, la codicia el entorno social, y otros.

Cuando las empresas empiezan con trampas en el mundo de los negocios, para alcanzar o competir por contratos o ventas y se percatan de ellos los integrantes, entonces el mensaje que se envía está vinculado con actos de corrupción, mordidas, sobornos, trampas.

La cultura organizacional basada en un estricto cumplimiento, predicando con el ejemplo de la alta dirección; la difusión institucional de la misión y visión compartida con todos los empleados; el código de conducta con sanciones claras y ejemplares, la implementación de las mejores prácticas globales que incluyan líneas éticas de denuncia; la creación de un Comité de Ética con independencia, pueden hacer la gran diferencia entre el reconocimiento y el desprestigio.

Construir un programa de integridad implica que el mensaje que se envía es de honestidad, y es indispensable que sea supervisado permanentemente, considerar el manejo de crisis, la elección del personal basado no en afectos, sino en experiencia; con juicio profesional y honestidad.

La comunicación interna clara y permanente, tanto vertical como horizontal sobre los riesgos que pueden correr aquellos que decidan contrariar los valores de la compañía debe ser explícita y procurar motivar e incentivar el recurso humano fortaleciendo su importancia en el entorno laboral para lograrlo.

Todos estos aspectos pueden hacer la gran diferencia en relación a la percepción y el prestigio de una entidad.

La conducta inapropiada puede aparecer en estructuras de cualquier tamaño. Ninguno está a salvo. El mensaje implícito de permisividad, tiene vinculaciones con corrupción, siembran desconfianza y conllevan el desprestigio implícito.

Nunca es tarde para modificar comportamientos inadecuados que no sólo nos lastiman, sino que pueden hacer un daño severo a nuestra organización y quizá hasta a terceros.

El reconocido autor y filósofo Fernando Savater, comenta que podemos voltear a cualquier sociedad y no vamos a encontrar nunca una que manifieste que es mejor la mentira, que la verdad; que es mejor robar; ¿quién en el mundo aprobará que robar es bueno? Nadie se ha arrepentido de hacer lo correcto.

Mientras el mundo cambia vertiginosamente, en el mundo de la integridad pocas cosas nuevas hallaremos. La ética, la sensatez y la prudencia no pasan de moda, y deben formar parte esencial de cualquier sociedad.

Sin embargo, cuando se carece de estos atributos, su ausencia es notoria y representa una carga negativa para cualquier empresa, que debe reconocer que algunos empleados que la integran son abusivos y desleales; y entonces esto se puede volver un problema crítico que puede causar un impacto grave tanto al interior como el exterior de cualquier negocio.

El juicio profesional implica la capacidad del hombre para alcanzar los fines organizacionales bajo la luz de la razón y el deber, con acciones hacia terceros con respeto y basado en máximas racionales y morales.

En el contexto actual, el artículo 109 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, detalla de manera explícita las guías y valores que deben regir en la actuación de todos los funcionarios y servidores públicos en nuestro país: legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia.

Si las instituciones, organizaciones o estructuras públicas, privadas o sociales no adoptan esos mandatos, actúan sin ética, se corrompen y se deshonran a los ojos de la sociedad, difícilmente podrán generar respeto y credibilidad en la ciudadanía. De ahí la gran responsabilidad social y la honorabilidad de las personas que integran sus administraciones.

Los valores y los mexicanos.

Las sociedades evolucionan y se construyen con las decisiones que toman sus miembros, y que están determinadas tanto por sus principios como por el entorno institucional en el que se desenvuelven.

Es importante mencionar que el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) publicó en el año 2011, la “Encuesta de Valores México”, que revela cómo percibimos el contexto en el que nos desenvolvemos y tomamos nuestras decisiones.

Los resultados muestran que en México, la gente considera que no vale la pena cumplir la ley, a pesar de que se cuenta con un código ético con valores: la mayoría de la población encuestada está de acuerdo en que dar obsequios o dinero para agilizar trámites de gobierno es un acto de corrupción; que quedarse callado si reciben cambio de más, meterse en una fila y no pagar el transporte son conductas incorrectas.

Esta situación se explica por la imagen tan negativa que se tiene de las autoridades. “A pesar de que la mayoría cree que se debe cumplir la ley, uno de cada tres cree que es de tontos cumplirla cuando la mayoría no lo hace y 29% “cuando no hay consecuencias””(2)

Otros factores que fueron detectados en la encuesta son los siguientes:

- En el ámbito laboral, 2 de cada 5 mexicanos percibe que las promociones son para quienes el jefe conoce mejor y no para el más capaz. También, el 56% considera que “es difícil avanzar en la vida” sin buenos contactos.(3)
- La mayoría de los mexicanos considera que la autoridad no es imparcial y cree que las leyes se aplican con discrecionalidad y que están hechas para proteger a los poderosos (71%);
- La mayoría tiene una visión negativa de las élites, considerando que los ricos se aprovechan de los demás (57%);
- En cuanto a la expansión de la riqueza, el 45% creen que para que haya ricos tiene que haber pobres;

La capacidad de producir confianza o desconfianza en la población,

Se puede concluir que toda organización basada en principios éticos, coadyuva al logro de un bienestar común, pues se estarían realizando las aspiraciones de la colectividad. Uno de los principales males sociales y sistémico que logra combatirse a través de acciones éticas, es la corrupción.

La clase de decisiones por las que optamos nos hace ver quiénes somos en realidad. Cuidemos nuestras acciones que el prestigio vendrá solo. Ser o no ser ético. Es la cuestión.

1 Citado por HERNÁNDEZ BAQUEIRO, Alberto, La estructura ética en las organizaciones; herramientas para la gestión de la ética en organizaciones, Septiembre 2003, http://www.centroscomunitariosdeaprendizaje.org.mx/sites/default/files/estructuraetica.pdf, p. 3.

2 CIDAC (2011), Encuesta de Valores México, http://cidac.org/esp/uploads/1/VALORES_2.pdf?__hstc=212340043.7ebbbad9773408412a7c06137124d875.1392404292921.1392404292922.1392412041120.2&__hssc=212340043.1.1392412041120&__hsfp=3719324361, p. 7.

3 Ibidem, p. 13.

BIBLIOGRAFÍA

HERNÁNDEZ BAQUEIRO, Alberto, La estructura ética en las organizaciones; herramientas para la gestión de la ética en organizaciones, Septiembre 2003, consultado el 17 de febrero de 2014 desde http://www.centroscomunitariosdeaprendizaje.org.mx/sites/default/files/estructuraetica.pdf

SAVATER, Fernando. Los caminos para la libertad: Ética y educación, ensayo, Fondo de Cultura Económica, México, 2003 (conferencias dictadas para la Cátedra Alfonso Reyes).

Documentos

CIDAC (2011), Encuesta de Valores México, consultado el 14 de febrero de 2014 desde http://cidac.org/esp/uploads/1/VALORES_2.pdf?__hstc=212340043.7ebbbad9773408412a7c06137124d875.1392404292921.1392404292922.1392412041120.2&__hssc=212340043.1.1392412041120&__hsfp=3719324361,

MunaDra. Muna D.
Buchahin Abulhosn

CFE, CGAP, CRMA, CFI, MA

Vicepresidenta

 


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