Nov/Dic 2013  |  Núm. 4


perspectiva

Valores institucionales y prevención de la corrupción

La corrupción y el fraude pese a ser una preocupación universal, se materializan más frecuentemente en algunas naciones, mientras que otras gozan de una percepción favorable en su desempeño entre los distintos sectores vinculados con la gestión organizacional. ¿Por qué hay países menos corruptos que otros?

Para aventurar una teoría al respecto, debemos ubicar las motivaciones que impelen a una persona, de cualquier nacionalidad y en cualquier época, a actuar de manera ilícita. Según Isaac Ehrlich (desde un enfoque puramente economicista), un común denominador de las acciones que violan las leyes es la concepción de que hacerlo, puede generar un incremento en su patrimonio y en el bienestar psíquico del infractor. Sin embargo, existe una contraprestación: actuar de manera ilegal puede acarrear consecuencias como ser objeto de multas, sanciones o inclusive la pérdida de la libertad.

Por otra parte, participar en actividades legales no siempre se presenta como una opción del todo conveniente, puesto que también tienen implícitos riesgos que pueden ir en detrimento del bienestar o de la riqueza de quien está actuando (por ejemplo, invertir en un negocio y perder el capital). ExtractoSe trata entonces de un modelo simple de elección entre lo legal y lo ilegal con una variable de incertidumbre.

La situación se complica puesto que ambos tipos de acciones no son mutuamente excluyentes: un individuo puede decidir qué parte de su energía y recursos dedica, simultáneamente, a actividades lícitas e ilícitas, buscando alcanzar, en un periodo temporal determinado o indefinido, una mezcla perfecta en la que maximice sus ganancias y minimice los riesgos.

Una alternativa real para resolver este dilema se refiere a la generación de un sistema de valores institucionales que sea compartido, discutido y renovado por los integrantes del grupo, que opere como un elemento disuasivo y sirva de contrapeso a la búsqueda desnuda de bienestar al margen de la observancia de un código ético.

Una experiencia exitosa en este sentido es la de Finlandia, que se ha convertido en un paradigma de probidad y honradez en la administración pública.

Algunos de los elementos observables en su gestión son una codificación muy precisa de las acciones del servidor público; la incorporación de valores en las actividades diarias, una tradición de apertura y transparencia hacia el ciudadano y la identificación del funcionario con la conducta de sus superiores.

Una encuesta determinó que los valores más importantes para los finlandeses eran la legalidad, la actitud de servicio, la capacidad técnica, la imparcialidad y la justicia; se descubrió que, en un corte transversal de la administración pública, los valores eran los mismos, y su variación en cuanto a la asignación de prioridad obedecía a las diferentes funciones de cada agencia. Esta experiencia puede, sin duda, replicarse en cualquier país y cualquier institución.

JMPMCPC. Juan M. Portal
CIA, CFE, CICA, CRMA
Presidente

 

 


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