Nov/Dic 2014  |  Núm. 10


En esta edición

¿Serán suficientes 10 años de condena por vender supuestos vinos raros?

Recientemente, Rudy Kurniawan logró captar millones de dólares vendiendo botellas de raros y cotizados vinos; pero más bien reutilizaba botellas viejas, ponía etiquetas falsas e incluso mezclaba vinos. Así, cada año, abusando de la confianza de los clientes, amasó su fortuna.

Una cava impresionante y sus conocimientos enológicos bastaron para generar confianza y apariencia de autenticidad entre sus clientes de renombre: Exclusividad para vender exclusividad aparente.

Este distribuidor fraudulento pasará del lujo y la distinción a la infamia y los barrotes. Además de la deportación a su natal Indonesia, se le incautaron 20 millones de dólares y tendrá que restituir 28 más. Se hizo un operativo en su casa a las afueras de la ciudad de Los Ángeles. Su computadora contenía imágenes de las etiquetas y otras evidencias; adicionalmente, las botellas que sirvieron para sus engaños estaban desperdigadas por toda su casa. Entre sus clientes figuraban el multimillonario William I. Koch; David Doyle, fundador de Quest Software; Andrew Hobson, director financiero de Univision; etcétera.

El tamaño de las pérdidas es difícil de imaginar para quien no gasta esas cantidades, aquí se trata de un gran defraudador: 20.7 millones de dólares en pérdidas. Es irónico que uno de sus clientes, el Sr. Koch, durante mucho tiempo haya realizado campañas en contra del fraude de vinos y que haya tenido que aceptar que fue engañado por el Sr. Kurniawan. ¿Cómo no confiarse de beber un vino que incluso se destapa en la mesa como garantía de que no ha sido adulterado? ¿Qué decir de mil y un bares y restaurantes en México donde esto ni siquiera es exigencia y donde casi a diario podrían (y se ha visto ya) publicarse noticias sobre la adulteración de las bebidas? ¡Pero en el caso del Sr. Kurniawan, él ya había adulterado, reembotellado y resellado los vinos!

¿Leemos esta noticia de manera aislada, como de algo lejano que sucedió en tierras extranjeras y que nada tiene que ver con nosotros? ¿O podemos reflexionar en torno a lo que sucede cada vez que bebemos un poco de vino? ¿Cuántos defraudadores se ríen al darle a los pretenciosos “gato por liebre”?

 

Fuente: Tatiana Schlossberg, “Wine Dealer Sentenced to 10 Years for Defrauding Clients”, The New York Times [en línea], 7 de agosto de 2014.

 

 

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