Nov/Dic 2016  |  Núm. 22



Ángulos del Fraude

Mano fraudulenta

Es comprensible y explicable que en su recuento de daños la víctima de un fraude concluya que el ardid le costó un ojo de la cara, pero leer que a un defraudador sorprendido, investigado, procesado y sentenciado, el montaje fraudulento le haya costado una mano del cuerpo, vaya que resulta realmente insólito.

Veamos un fragmento de la siguiente crónica periodística del accidente relacionado con este caso.

“La mano derecha de Miguel Blázquez Palacios se quema dentro de un Renault R-19. Él está a un lado de la vía, con un torniquete que impide que se desangre, fumando. Da caladas, apoyado en el terraplén, con la única mano que le queda. Un coche en llamas, un hombre sangrando. Fumando entre hierbas y árboles. Son las 7.50 de la mañana. Como en cámara lenta, llega un policía local de Nules (Castellón), otros agentes del pueblo cercano de Moncofar, asistencia médica, después bomberos, Guardia Civil...

Hasta aquí el relato no denota mayor problema pues resulta acorde con las circunstancias lamentables de un accidente de auto, pero eso no es todo, enseguida la narración complementa su reporte con el siguiente apunte.

Ninguno de los que le auxilian saben que Miguel había firmado distintos seguros que, ante una discapacidad grave, le reportarían millones de euros. Se preocupan por atenderle, por intentar salvarle la vida”

Conocer que el lesionado recién había firmado distintos seguros y que el accidente sufrido le significaba el beneficio de cobrar las pólizas, si resulta un dato extraño que da lugar a preguntarse: ¿Sabía él que estaba próximo al percance? ¿Era tan previsor que se aseguró en distintas compañías? ¿O en realidad la contratación de pólizas y el accidente son parte de un fraude?

Por deducción se infiere que la explicación más lógica es que Miguel Blázquez Palacios montó un fraude que le costó la pérdida total de su carro (lo incendió) y su mano derecha. Concluidas las pesquisas y el juicio los hechos quedaron asentados de la siguiente manera:

LA SENTENCIA: «UN PLAN MAQUIAVÉLICO»...ASÍ OCURRIÓ, SEGÚN LA JUSTICIA: «El 10 de diciembre de 2007, bien solo o con la ayuda de terceros, procedió a amputarse la mano derecha utilizando un objeto cortante y contundente, para luego y tras taponarse la herida haciéndose un torniquete, igualmente solo o con ayuda de terceros... por el Camino Viejo de Nules a Moncofar con el vehículo... en cuyo interior transportaba una barra o regle, y al llegar a las inmediaciones del km. 955,200, nada más pasar el tramo recto del puente que corona el paso elevado de la línea férrea, colocarlo de forma casi perpendicular a dicho camino y dejarlo caer de forma controlada por el terraplén...». FUEGO PROVOCADO: «Una vez detenido el vehículo, colocó la mano cortada en el suelo del asiento del copiloto y valiéndose de una bolsa de gasolina que había comprado, le prendió fuego. Verificado ello procedió a realizar una llamada de emergencia valiéndose del teléfono que llevaba y a recostarse en el terraplén adyacente en espera de la ayuda solicitada... Producido el siniestro y en atención a las lesiones que sufría, procedió a reclamar a las distintas compañías aseguradoras las coberturas pactadas...». PENA: «Había sido él quien había provocado el siniestro origen de las lesiones que constituían la base de su reclamación... Engaño revestido de una apariencia de realidad y seriedad suficientes para engañarlas, dado lo maquiavélico del plan urdido a tal efecto... Debemos condenar y condenamos al acusado Miguel Blázquez Palacios, como responsable en concepto de autor de un delito continuado de estafa ya tipificado, sin que concurran circunstancias modificativas de su responsabilidad, a las penas de cuatro años de prisión [y] que indemnice a Santa Lucía en la cantidad de 35.000 euros, a Liberty Seguros en 90.370 euros y a Axa en 209.564,62 euros, cantidades que devengarían los intereses legales desde la fecha en que se produjo... y al pago de las costas procesales». Lo rubrica el juez, 8 de enero de 2016.

El fraude es un crimen en el que se combina la astucia y la osadía, los defraudadores suelen salirse con la suya según el grado de sofisticación del montaje del fraude, la creatividad y el ingenio invertido aumentan la complejidad para detectar e investigar, en este caso los indicios e inconsistencias al parecer no representaron mayor problema para las aseguradoras.

“Las aseguradoras se unen y contratan a dos agencias de detectives: Winterman y Gesterec. Ambas creen sólo en una tesis: es un fraude. Reúnen a más de 20 especialistas para probarlo. «Se cortó la mano para cobrar las pólizas que había firmado sistemáticamente, impropias de un hombre que no trabajaba», señala a Crónica Enric Vilamajó, director general de Winterman. «Tenía deudas altas contraídas»”.

¿Plan maquiavélico? No lo creo, no veo en que parte de los escritos de Nicolás él aconseja como un recurso para engañar o estafar la opción de amputarse una mano.

 

Fuente:

http://www.elmundo.es/cronica/2016/02/17/56c3d95822601d7a0c8b457e.html



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