Nov/Dic 2017  |  Núm. 27





Sandro García-Rojas Castillo
Vicepresidente de Supervisión de Procesos Preventivos - CNBV

Ángulos del Fraude

¡Todos mirando a la cámara!

Una fotografía comparada

¿Recuerda la más reciente fotografía donde sale usted con su familia?, Eche un vistazo en su memoria, en un álbum fotográfico o incluso en su teléfono celular. Seguramente ahí tiene, al menos una. Vea con detenimiento el lugar donde están, lo que les rodea, el entorno, las circunstancias. Vea a sus hijos o a sus padres, véase usted mismo. Haga hincapié en su rostro, en su cuerpo, en la ropa que traía puesta ese día. Le ruego, lector querido, que haga un ejercicio detenido, pausado, no lo haga “por encimita”. Sea objetivo. No le pido que explique o justifique lo que ve. No necesitamos llegar a la conclusión de si es una buena fotografía o no, pero note usted cómo nuestra tendencia es a concluir si salimos guapos unos y otros no tanto, gordos algunos más, escuálidos, desgañitados, elegantes, sonrientes, adustos, etc. Le pido que tenga una impresión clara de quiénes están en la fotografía y de cómo se ven.

Ahora imagine que le pido traer una fotografía que fue tomada hace 8 o 10 años. ¿Han cambiado algunos? ¿Algunos incluso ya no están? ¡Qué barbaridad! ¡¿Ya vio usted? ¡Yo tenía más pelo y menos barriga!

En estos días, la reunión plenaria del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), concluirá el reporte de la evaluación a la que México fue parte. Una evaluación cuyo último antecedente data de hace 8 años. Esta vez, consistió no únicamente en el cumplimiento de las 40 recomendaciones de dicho grupo intergubernamental en materia de prevención y combate al lavado de dinero y al financiamiento al terrorismo, sino que, además, evaluó por vez primera, la efectividad de su implementación.

Para quien no conozca las recomendaciones de GAFI, permítame muy brevemente decir que se trata de mejores prácticas o estándares internacionales que constriñen no únicamente a países y sus gobiernos, sino a entidades financieras y a aquellas que no son financieras pero que resultan particularmente vulnerables para lavar dinero o ser utilizadas con dichos fines.

Quizás la más importante de las 40 recomendaciones, es la primera. La que plantea que toda la tarea de prevención y combate debe ser llevada a cabo con un enfoque basado en riesgos (EBR, en lo sucesivo). Esto es, que es necesario que todo lo que se haga en ese tenor, tenga una valoración de riesgos, de vulnerabilidades; de posibilidades de ocurrencia. Déjeme explicar un ejemplo sencillo: una empresa que otorga crédito tiene riesgos de impago, es decir que el acreditado no le pague; pero, ¿tiene riesgos de lavado de dinero? Es decir, ¿podría la empresa estar lavando dinero sabiéndolo o no? Para ello es preciso hacer un análisis de una serie de cosas que nos llevarán a la conclusión de si corre o no riesgos y, eventualmente, si esos riesgos están siendo mitigados.

De esta manera, los países tienen que hacer una evaluación parecida. Tienen que aplicar un EBR para muchas de sus tareas cotidianas de prevención. Por ejemplo, ¿Si usted tuviere un centenar de personas para supervisar entidades financieras, las destinaría a revisar las que menos riesgos corren? ¿Y si tuviere doscientas? ¿Lo ve? El enfoque basado en riesgos es indispensable para ser más efectivos o eficientes en tareas como la preventiva, ¡pero incluso para la combativa! piense usted en un fiscal que tiene 50 casos qué investigar. ¿Los irá viendo conforme vayan llegando a su escritorio?, ¿Les dará alguna prioridad a los que socialmente tienen una importancia o una trascendencia mayor?, ¿O serán aquellos cuya sanción tendrá un efecto disuasorio los primeros en atender?

La metodología de GAFI establece que la evaluación se llevará a cabo por un Grupo de Evaluadores expertos en la materia. Algunas veces dicho grupo es formado por especialistas que los propios países aportan al Grupo evaluador. Otras, como el caso de México en esta evaluación, por funcionarios de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el propio organismo Latinoamericano tipo GAFI denominado GAFILAT.

En resumen, México, como miembro del GAFI, tiene por compromisos los siguientes:

  1. Respaldar e implementar las recomendaciones del GAFI para combatir el lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva, utilizando en su caso guías y otras políticas respaldadas por el GAFI.
  2. Someterse y participar activamente de forma sistemática en “revisiones entre pares” (a través de las Evaluaciones Mutuas) así como en los procesos de seguimiento utilizando la metodología y procedimientos de evaluación acordados;
  3. Participar en el desarrollo de los estándares del GAFI, sus guías y otras políticas para combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva y otras amenazas a la integridad del sistema financiero internacional.

En el proceso de evaluación participan especialistas de diferentes países (de las áreas financiera, legal y operativa, fundamentalmente), quienes integran un equipo evaluador que visita el país objeto de evaluación, con la finalidad de entrevistarse con las autoridades de los diferentes organismos que, directa o indirectamente, tratan la problemática del lavado de activos y del financiamiento de actos terroristas.

La fotografía de hace 8 años

La evaluación del 2008 se basó en los niveles de cumplimiento de un marco distinto (recordemos que entonces las 40 Recomendaciones databan de 2003 y existían las Nueve Recomendaciones Especiales sobre el Financiamiento del Terrorismo que se emitieron en el 2001). Para dicha evaluación, se utilizó la metodología de evaluación en la materia que había sido emitida en 2004 y actualizada en junio 2006.

La evaluación concluyó en la sesión plenaria de octubre de 2008. Proporcionó sugerencias sobre la manera en que ciertos aspectos del sistema se podían fortalecer. Ejemplos claros de esas sugerencias, fueron las siguientes:

Como resultado de aquella evaluación, el gobierno mexicano trabajó arduamente en generar mecanismos como la extinción de dominio, en 2012 se aprobó la LFPIORPI que contempló a las APNFD, en marzo del 2014 se incorporó el delito de financiamiento al terrorismo de manera autónoma al del Terrorismo (es decir, que no es necesario probar uno para configurar el otro) y una larga y sustancial lista de actividades

Pero sin temor a equivocarme, uno de los cambios más importantes que se dieron desde aquella fotografía de 2008 a la actual, data de 2012. En aquellos años, GAFI decidió revisar sus 40 + 9 Recomendaciones (por la referidas en materia de Financiamiento al Terrorismo párrafos más arriba) y tras un largo debate, en 2012 se emitieron nuevamente las 40 Recomendaciones (sin adiciones), mismas que contemplaban ambas materias (LD y FT) pero que, además, contaban con un elemento absolutamente distinto: la recomendación primera; la inclusión del Enfoque Basado en Riesgos.

Esto significó que las evaluaciones que se hacen a los países miembro de GAFI no únicamente contemplarían el cumplimiento a las 40 Recomendaciones (como quien lleva a cabo un checklist o una revisión de cumple o no cumple), sino que, además, evaluaría si ese cumplimiento, esa medida, ese estándar, esa acción, esa prevención, ese combate, están siendo eficientes o no.

De ahí que la evaluación a México en este 2017, tiene un componente absolutamente distinto que dará una claridad y una visión que no habíamos tenido antes.

La fotografía del 2017

En materia de cumplimiento técnico y en el de efectividad México tiene una calificación que no necesariamente es grata para todos; es sin duda merecida. ¿Sorprende? Habrá que preguntárnoslo todos.

A mí me parece que, si hacemos un ejercicio objetivo, no debiere sorprender a nadie y, lejos de ello, ayudarnos a construir una mucho mejor prevención y un mucho más eficiente combate al lavado de dinero y el financiamiento al terrorismo.

Ha habido avances importantes en muchas materias. Es ineluctable. Nadie puede negar que las reglas no son las mismas. Que el México de hoy dista mucho al de hace 8-10 años. Hay áreas que han atravesado por cambios estructurales como, por ejemplo, el sistema penal acusatorio cuyos resultados aún sufren de la curva del aprendizaje, y cuya percepción ciudadana es particularmente mala.

El cambio de estrategias de seguridad y de combate al crimen organizado, así como la apenas incipiente echada a andar del Sistema Nacional Anticorrupción, tienen un costo ineluctable y un estrago irreversible. Por primera vez, la corrupción para la evaluación de GAFI, es un factor a considerar de gran importancia.

No obstante, hay acciones que han sido positivas. La supervisión basada en riesgos de las entidades financieras (y no solamente del sector bancario sino del bursátil, del no bancario, de entidades populares, de entidades de seguros y fianzas, de Afores, etcétera), es reconocida por GAFI. No sólo ello; también el conocimiento y las herramientas, las capacidades y las acciones de las propias entidades financieras.

A la par, la fotografía también incluye el reconocimiento a las áreas de oportunidad en las labores de supervisión de las actividades vulnerables, no solo por las capacidades del SAT, sino por el entendimiento de la materia por el sector supervisado (recordemos que en 2013 prácticamente comenzó la vigencia de la LFPIORPI y el registro es unilateral por parte de aquellos que realizan dichas actividades).

A pesar de un trabajo arduo, la evaluación nos habrá de marcar con claridad los óbices que no nos permiten avanzar; déjeme, querido lector, darle sólo algunos ejemplos para abrir boca:

Acciones por seguir

Yo lo invito lector querido, a que hagamos una pausa. A veces, el paso cotidiano del día a día, nos impide hacer una merecida pausa para analizar si lo que estamos haciendo va por el camino correcto. Tomemos como pretexto, la fotografía que el Grupo de Evaluadores de GAFI nos hace en este 2017. Veámonos en ella. Hagámonos, al menos, algunas preguntas importantes: ¿Nos vemos como creímos que nos veríamos?, ¿Junto a quiénes salimos en la fotografía?, ¿Qué percepción hay nuestra?, ¿Corresponden los esfuerzos aportados al resultado?, y esos esfuerzos realizados, ¿realmente seguían el cauce original o se fueron desviando en el camino y acabaron en otro sitio?

Algo que es extraordinario de la naturaleza humana, es su capacidad cíclica. Todo es perene. Los ciclos inician y concluyen. Las ideas, los proyectos, las grandes causas y también los males. En ese acontecer finito y de renovación, ¿A dónde vamos?, ¿Qué sigue?, ¿Cómo queremos vernos en la fotografía que en el 2026 nos habrán de volver a tomar? ¿Cómo y por dónde comenzamos?

 

Sandro García-Rojas Castillo, Catedrático universitario y Vicepresidente de la CNBV



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