Nov/Dic 2017  |  Núm. 27






Consuelo DiGuglielmo, CFE

Ángulos del Fraude

Víctima de fraude por exceso de credulidad y falta de diligencia debida

Para un gerente general el sueño más preciado es posicionar su compañía o la compañía que la junta de socios le ha encomendado de manera exitosa. Obtener capital de trabajo para mantener el negocio en marcha es uno de los retos más difíciles para este ejecutivo sobre el cual recaen no solo la responsabilidad de obtener una porción del mercado sino que también debe velar por el bienestar de los empleados para evitar la rotación de personal que tanto daño produce a las compañías. Alejandro, un talentoso y bien parecido ejecutivo de una firma de inspección aduanera estuvo alerta a que la compañía en la que él tenía una buena participación fuera pionera en el negocio aduanero a nivel de Europa y Asia con miras a un cubrimiento global dado el auge de las economías abiertas y la ventaja competitiva que Inspecciones Globales Sin Igual, S.A. ofrecía a sus clientes. Alejandro, el carismático, lleno de energía, brillantes ideas de negocios y optimista, divagaba al conducir su lujoso vehículo. Su meta era incursionar en mercados cerrados y dar ese valor agregado que tanto les enorgullecía a importadores y exportadores. Definitivamente requería más que visión y optimismo; mucho capital de trabajo. Al parecer hubo una sincronía entre sus pensamientos y el comercial que apareció en la radio. “Nuestro buffet de Abogados, ganador del Premio a la Excelencia 2016, obtiene para su firma el capital de trabajo que lanzará a su empresa al próximo nivel. Nuestra red de inversionistas es gigantesca, ¡contáctenos hoy!” Por supuesto Alejandro no lo pensó dos veces, memorizó el número de teléfono y a la primera oportunidad estacionó su carro y marcó. Del otro lado de la línea un abogado muy seguro de sí mismo, con gran poder convincente, prometió obtener el codiciado dinero que Alejandro necesitaba para ver su sueño cumplido, posicionar a Inspecciones Globales Sin Igual S.A., como la primera opción para los mayores importadores y exportadores de China primero y luego extender el emporio al Reino Unido y, por supuesto, a los Estados Unidos. El paso siguiente era la reunión para finiquitar los detalles. El abogado, Fernando, contactaría a los inversionistas más acaudalados para que invirtieran en la firma de inspección aduanera, al menos 600,000 Euros con posibilidad de incrementar el monto hasta 950,000 Euros. Súper promisorio -pensó Alejandro. Inmediatamente visualizó los mercados en los que podría incursionar, los ingresos y ganancias que generaría a su compañía además del número de empleos que Inspecciones Globales Sin Igual S.A. crearía. La sesión de preguntas y respuestas continuó. Fernando claramente sabía de lo que estaba hablando, conocía la ley y al parecer, su buffet tenía todos los contactos necesarios para materializar ese ansiado capital de trabajo de 600,000 Euros. Sin pérdida de tiempo, Fernando imprimió el contrato de prestación de servicios, con una cláusula donde el valor de los honorarios sería de 98,000 Euros con un anticipo de 9,000 Euros y el resto en parcialidades. Alejando no lo pensó dos veces; firmó el contrato celebrando con una costosa cena para dos de 175 Euros. Por esta decisión intempestiva, Alejandro pagaría un precio exorbitante. El desenlace pudo evitarse si tan solo Alejandro hubiera tomado el tiempo para ver unas cuantas banderas rojas:

  1. Demasiado bueno para ser verdad;
  2. Mucha prisa y presión para finiquitar el contrato.

¿Que pudo haber hecho diferente? Sentido común:

El caso de Alejandro era similar al del comercial mostrando un empresario tratando de atraer inversionistas. El mismo con un aviso en Internet: “ Tengo una gran idea, mi proyecto es único, irrepetible, genial… estoy seguro de que será rentable para cualquier inversor que quiera invertir su dinero en mi proyecto.” Quería expansión rápida con dinero obtenido rápidamente.

Aparentemente, Fernando iba a hacer una campaña para atraer inversionistas utilizando algunas de las modalidades existentes. Para mencionar algunas: Intermediarios financieros bancarios, crowdfunding [financiamiento colectivo vía Internet], Capital Privado, Capital de Riesgo [Venture], o incubadora empresarial.

La Oficina de Pequeñas y Medianas Empresas, US Small Business Administration, (SBA), de los Estados Unidos describe con sencillez el capital de riesgo así:

Es un tipo de financiamiento de capital que aborda las necesidades de financiamiento de las empresas que por motivos de tamaño, activos y etapa de desarrollo no pueden obtener capital de fuentes más tradicionales, como los mercados públicos y los bancos. Las inversiones de capital de riesgo en general se realizan en la forma de efectivo a cambio de acciones y una participación activa en la empresa en la que se invierte.

El capital de riesgo difiere de las fuentes de financiamiento tradicional porque:

El crecimiento exitoso a largo plazo para la mayoría de las empresas depende de la disponibilidad del capital propio. Los prestamistas en general requieren cierto amortiguador o garantía (aval) antes de prestarle a una pequeña empresa. La falta de capital propio limita el financiamiento de deuda disponible para los negocios. Además, el financiamiento de deuda requiere la capacidad de pagar la deuda mediante pagos de interés corrientes. Estos fondos, entonces, no están disponibles para el crecimiento de la empresa.

El capital de riesgo proporciona a las empresas un amortiguador financiero. Sin embargo, los proveedores de capital tienen el último recurso contra los activos de la empresa. En vista de esta prioridad más baja y la habitual falta de un requisito de pago corriente, los proveedores de capital exigen una tasa más alta de retorno sobre la inversión de la que reciben los prestamistas.

El crowdfunding, es una modalidad de obtención de recursos para proyectos específicos. Estos fondos vienen del público, generalmente en montos menores y tienen como contraprestación una muestra del producto que financian, un reconocimiento, o simplemente una camiseta conmemorativa. Se ha vuelto prevalente como una de las modalidades de fraude pues se pretende financiar proyectos que parecen ser rentables y sostenibles en el largo plazo. La obtención de recursos bajo esta modalidad es meramente basada en la confianza, por lo tanto, también es un semillero de fraudes. Normalmente estas formas de colectar dinero del público terminan en desengaños muy costosos.

El abogado Fernando traicionó la confianza que Alejandro depositó en él; escondió el producto de su crimen y se benefició de los 98,000 Euros que recibió a cambio de nada. Todos los componentes de la definición de fraude están presentes: “Una declaración falsa a sabiendas de la verdad o la ocultación de un hecho material para inducir a otro a actuar en su detrimento”. En consecuencia, el fraude incluye cualquier acto intencional o deliberado de privar a otra persona de una propiedad o dinero por astucia, engaño u otros actos desleales.

Un hombre con una rectitud a prueba cometió un error de confianza devastador. Ese error inicial desencadenó una serie de incidentes desafortunados que afectaron su vida personal, la de su familia, sus empleados, sus socios, la compañía misma y la sociedad. Su confianza defraudada terminó en mentiras sucesivas que se agrandaron y agravaron cada día que pasaba. De ser un hombre optimista, visionario, y seguro, Alejandro pasó a vivir una pesadilla encerrado en esa porción del fraude que poco documentamos , “non sharable need”; esa parte económica que avergüenza. ¿Cómo alguien tan capaz, educado, e inteligente cayó en las garras de un abogado inescrupuloso que se aprovechó de los sueños de expansión y la necesidad de capital de trabajo para destruir vidas? Alejandro jamás compartió con su esposa, menos con sus socios el desfalco del cual fue objeto. Nunca buscó ayuda después de entrar en ese acuerdo que le robó el sueño al no ver ningún resultado. Las obligaciones no daban espera, los empleados tenían que cumplir con sus obligaciones y su salario empezó a faltar. Cuando Alejandro buscó asistencia de un investigador de fraude, todo el daño estaba hecho,; las posibilidades de recuperar, reducidas a nada y, peor aún, ningún rastro del abogado Fernando.

¿Cómo pudo Alejandro salvarse de caer en las garras de semejante desalmado? La diligencia debida. Haber seguido el proceso del capital de riesgo evitando caer en la falacia de dinero rápido. Según la SBA, el proceso abarca:

Por su parte, Alejandro debió actuar con la diligencia debida con este abogado; al fin y al cabo, Alejandro también estaba invirtiendo en obtener capita l de inversión para la ansiada expansión. En EE.UU. hay algunas empresas que se autodenominan de diligencia debida, ellas tienen estructurado su negocio en tres áreas: Investigación de fraude en los ingresos, Investigación de fraude en los resultados y Deficiencias en los fundamentos del negocio de la empresa. Todas estas empresas publican (o venden) análisis de empresas con algún tipo de problema. Es el inversor el que, visto el análisis, debe decidir si invierte en la empresa o no y si ya invirtió, decide si vende o no. Son análisis fuera de lo normal, que dan otra visión de la empresa pues están orientados a buscar el fraude y la manipulación mediante preguntas que no se hace normalmente un analista; utilizan analistas con experiencia en el funcionamiento real de las empresas, aunque a veces le den menos importancia a las técnicas de análisis que siguen el manual; estos analistas publican análisis de empresas. Aunque el mensaje suene impopular o amenace el status quo, es necesario anticipar las posibles estrategias del perpetrador y contrarrestarlas. Alejando simplemente fue crédulo, se negó a creer que alguien insultaría su inteligencia. Entregó el dinero a cambio de un sueño, obtener más dinero para apoyar el crecimiento de la empresa. En el camino él mismo cometió fraude al no consultar con sus socios esta decisión. Al menos, enfrentar la realidad del engaño del que fue víctima y pedir ayuda. Pero ¡no! Su desesperación y la vergüenza crecieron al punto que Alejandro se sintió sin aliento para enfrentar la verdad y confesarle a sus socios el mal uso con buenas intenciones de los 98,000 Euros. El, tan inteligente y seguro de sí mismo, al no poder resolver el embrollo que creó, decidió terminar su vida dejando a una esposa viuda, a sus niñas de 5 y 7 años huérfanas sin ese padre que adoraban. Un precio demasiado alto por falta de diligencia debida, exceso de credibilidad y autosuficiencia al obrar por sí mismo.

 

Consuelo DiGuglielmo, AML Regional Implementation Manager at Citi - Transactions Monitoring Standards Training



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